INDICE ANALÍTICO DE ARTÍCULOS

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28 de diciembre de 2014

EL 29 DE ENERO DE 2.015, UN ACTO ESPECIAL

...por Manolo Rincón

El 29 de enero es ahora Santo Tomás de Aquino. Una fiesta que siempre fue memorable en el Instituto.
Ya no es posible realizar un partido entre profesores y alumnos, como antaño hacíamos, o revivir la tómbola a la que tanto cariño dedicó D. Antonio.
Pero en los nuevos tiempos, surgen nuevas ideas para dar continuidad a la brillantez que siempre ha distinguido este día, de especial significado para todos los que hemos pasado por el Centro.
La nueva Directiva del Instituto ha favorecido que en el curso en que se celebra el 75 aniversario de la creación del Centro, tal como lo hemos conocido, se desarrolle en este día de Santo Tomás, un acto de singular importancia, tanto para las generaciones actuales, como para las que pasamos por las aulas hace ya tiempo.
Se celebrará el propio día 29, a las 12 de la mañana en nuestro querido Teatro.
El programa que se ha diseñado, comprende actuaciones musicales de la Orquesta del Instituto, dirigida por la profesora de Música, un pequeño comentario académico, la presentación de un importante Proyecto ya en marcha, la recuperación y conservación del Patrimonio Documental del Instituto, los premios a los alumnos distinguidos y alguna sorpresa más.
Habrá una exposición en el salón de actos y unos vídeos que serán, espero, de vuestro agrado.
Este acto, aparte de realizarse con el total apoyo de la Dirección, sin el cual sería imposible, ha contado con la especial dedicación de Nuestra querida Rosa María, la cual ha encajado en el mismo la distinción a los antiguos alumnos, que viene preparando desde hace años en ediciones cada vez más interesantes.
No sé si recibiréis la invitación oficial, pero si no es lo mismo. Os pido os anotéis esta fecha, ahora que falta un mes y no dejéis de asistir pues la promoción 64 va a recibir gratas sorpresas ese día.
Aprovecho ya para felicitaros desde este blog, en nombre propio y en el de los del Ramiro, el año entrante, en el que procuraremos dar continuidad a nuestros encuentros pasados.

Un fuerte abrazo para todos y feliz 2.015:


Manolo Rincón.

REFLEXIONES DE CORAL BAEZ EX-DIRECTORA DEL RAMIRO DE MAEZTU

Con motivo de estas fiestas, Coral Báez Otermín, anterior directora del Instituto Ramiro de Maeztu, remitió a nuestro compañero Rafael García-Fojeda, quien le había felicitado las navidades, las siguientes reflexiones que hoy publicamos para vosotros por su gran cariño y alcance.



Sobre la comida de junio, podría escribirte tantas cosas..., porque sois una promoción especial y a la que aprecio mucho. 
A través de vosotros he podido sentir el alma del Ramiro y compartir los criterios de Don Antonio, hasta me parece haber escuchado su silbato entre las paredes del instituto cuando salía por la noche y ya no quedaba ni un alma. He vivido unos años increíbles, he tenido la suerte de trabajar en "el mejor instituto" de España, y además de colaborar un poquito desde la dirección.
Me fui dejando atrás unos resultados académicos muy buenos, un equipo directivo comprometido y a muchos profesionales con gran dedicación. Aunque hay mucho que hacer, estoy muy satisfecha del trabajo realizado y ahora que ya no estoy allí, me atrevo a decirlo.
Las paredes, la escalera, las aulas, el despacho, la cantina, los cuadros, la sala de música, "el estu" se han quedado en mi retina, pero sobre todo algunas de las personas que he tenido la suerte de conocer, permanecen en mi corazón. Habéis pasado a formar parte de mi historia porque haber compartido el Ramiro impregna de sensaciones, de conocimiento y de valores que me han ayudado a crecer un poquito más.
Siempre digo que los profesores aprendemos cada día de nuestros alumnos, y no es una frase hecha, es la realidad; y si además estos alumnos te cuentan sus vivencias en la distancia, el universo que han vivido te lo contagian. Así me parece haber conocido al Señor Muro, haber ido al internado, tomar chocolate con Petra y jugar al baloncesto en las canchas, aprender latín, economía o desfilar delante de la puerta principal, esa puerta y esas ventanas que siguen siendo las mismas... Pero, sobre todo, escucharos en el recreo, porque las voces de los niños en los patios tienen el mismo sonido en todos los países y en todos los tiempos, son el reflejo de la felicidad infantil ajena al entorno, a las dificultades y tristezas.
A través de vosotros he conocido y admirado a Magariños, a ese profesor que fue el alma mater del centro porque siempre estaba cuando se le necesitaba, aunque fuese para una regañina, (tan útiles en algunos momentos), o para acariciarte la mejilla con la mirada. Es la única vez en mi vida que he querido parecerme a alguien que no he llegado a conocer.
El legado del Ramiro es tan amplio que no cabe en un inventario, el Instituto Escuela dejó muchos valores flotando entre sus paredes, el esfuerzo, la amistad, el compañerismo, el respeto, las ganas de aprender más y sobre todo el amor que se respiraba entre las personas que creen que la educación nos hace un poco más libres, y si tenemos los "ojos abiertos", más felices.


Todos, los que hemos pasado por este instituto nos sentimos parte de esta gran familia que perdura en el tiempo. Creo que desde vuestras profesiones habéis devuelto a la sociedad ese poquito que se invirtió en vosotros, y como compañeros de aula, nos sentimos orgullosos de haber compartido ese espacio intangible, atemporal e inexorable.

¡ SOMOS DEL RAMIRO!!!

FELIZ 2015 A TODOS.

Coral Báez Otermín  

18 de diciembre de 2014

EXÁMENES EN EL RAMIRO, ALLÁ POR LOS AÑOS 50

...por Paco Acosta

En otoño del año 57 del siglo pasado (¡hay que ver lo antiguo que suena esto!) muchos compañeros de nuestra promoción iniciábamos la andadura en el Instituto. Para algunos de nosotros, recién cumplida nuestra primera década de vida, y terminado el curso anterior con el examen de Ingreso, el Instituto no nos resultaba algo novedoso. Habíamos pasado antes por la Preparatoria, la “Prepa” para entendernos. En el Instituto íbamos a disfrutar (padecer, diría posiblemente Arenas) de un profesor por asignatura, con lo que tendríamos nuevamente que “ganarnos”, con cada uno de ellos, la “fama” (buena o menos buena) que hasta entonces teníamos. Y eso, tanto entonces como ahora, dependía básicamente del resultado de los exámenes.

Y el otro día, concretamente cuando visitamos el Tribunal Supremo, charlábamos unos cuantos compañeros sobre la enseñanza que recibimos en el Ramiro. Y allí salió a relucir que el tema de ser examinados, realmente no comenzó con el, (iba a escribir temido pero al menos en mi caso, yo no lo recuerdo así), Examen de Ingreso al bachillerato. Ya en la Prepa, desde bien pequeños, se seguía un sistema de evaluación continua (sería mejor decir, constante) de los alumnos, basado en una forma muy competitiva de hacernos estudiar. Para los que no vivieron aquella época de la Prepa, intentaré esbozar en qué consistía.

Los alumnos de cada “nivel” (Manolo Rincón recuerda claramente los 5 niveles: Párvulos, Iniciación, 1º, 2º e Ingreso) estábamos repartidos en varias clases, “numeradas” A, B, C,… No llego a recordar hasta qué letra llegábamos (en primero de bachiller alcanzamos la F), ni el número de alumnos por clase, pero como las mesas de aquellas aulas de la Prepa eran pequeñas, supongo que seríamos entre 20 y 30 los chiquillos que cabíamos en cada una. Cada clase estaba “al mando” de un profesor, que se encargaba de “desasnarnos” en “todas las materias” que trataban las enciclopedias, además de modelar nuestra escritura y corregir la ortografía, y en cualquier caso, sin dejar de lado la faceta educativa, -para subsanar nuestros déficits de educación o comportamiento, aunque creo que no llegamos nunca a utilizar la “Cartilla de Urbanidad”-… Me acuerdo además, que también teníamos, desde bien canijos, profesores específicos de idiomas. Nos enseñaban Francés e Inglés; sí, las primeras nociones de ambos idiomas… Aún recordamos aquel ritmo del pollito chicken, gallina hen, lápiz pencil, pluma pen,…, y bastantes párrafos de La légende de Saint Nicolas

Y, en la Prepa, el sistema de distribuir o agrupar a los alumnos por clases, dentro de un mismo nivel, se basaba en dos tipos de “controles o exámenes” de los conocimientos que tenían, e iban adquiriendo, los alumnos.

Por una parte estaba “el tomar la lección”. No tengo claro si se hacía diariamente. Pero hablando de D. Luis Muñoz-Cobo, recordábamos que él nos ponía en fila, y hacía una pregunta al primero. Si éste la respondía adecuadamente, hacía otra pregunta al siguiente… Cuando no se contestaba correctamente, era el siguiente el encargado de responder, y si éste lo hacía bien, “adelantaba al anterior”… Supongo que al final de una sesión de preguntas y respuestas, el “orden” que se lograba estaría, más o menos, acorde con los conocimientos que en ese momento teníamos… Y además, todos, y recalco lo de “todos”, podíamos oír, y también asimilar, la respuesta correcta a cada pregunta…, y reconocer interiormente que no nos la sabíamos…¡suerte que no nos había tocado!. Era una especie de “juego” en el que se acoplaban la competitividad y los conocimientos, el responder bien y la necesidad de no fallar, el estar atento y el interés en ganar puestos... Un juego motivador. A los alumnos no nos quedaba más remedio que prepararnos y estudiar diariamente, con continuidad. Además al profesor le permitía “evaluar y evaluarse”, y conocer así en qué manera sus explicaciones habían sido seguidas y asimiladas por la generalidad de alumnos de su clase. Digamos que era un control “local” y “personal”, pero realizado a la vista de todos, y con consecuencias inmediatas en el orden de la clase, aunque no trascendiese más allá del aula…

Además “todos los sábados” (sí, los sábados por la mañana eran “lectivos”) teníamos un examen escrito (por tanto mucho más serio) fundamentalmente de los temas tratados durante la semana, sin olvidarse de todo lo anterior, y cuyas preguntas eran las mismas para todos los grupos de un mismo nivel. Por cierto, tras ese examen semanal, teníamos unas sesiones de cine infantil en las que, supongo, descargábamos la tensión acumulada, a base de animar al protagonista (al “bueno”), si eran películas de acción, o de reírnos con las rancias historias cómicas “no habladas” del Gordo y el Flaco, Charlot, Buster Keaton, y otros…

El resultado de estos exámenes semanales (algo formal y constatable) era como el de las competiciones deportivas: los últimos bajan de categoría y los primeros ascienden. Había unos pocos compañeros (creo que 2 o 3) que bajaban de clase, y otros subían. Así semana tras semana. Si te esmerabas, y estudiabas con tesón, podías regresar, si es que habías descendido. Pero también era necesario estudiar tenazmente y no descuidarte para poder mantenerte con los de “tu clase”. Al cabo de poco tiempo los grupos quedaban básicamente establecidos. ¿Qué se lograba con esto? Pues homogeneizar el nivel de conocimientos, e incluso la capacidad de dedicación al estudio de los componentes de una clase. Esto facilitaba las cosas tanto al profesor correspondiente, -al tener un conjunto de alumnos bastante homogéneo-, como a los alumnos, que ni se “perdían” cuando las explicaciones del profesor tenían una cierta complejidad, ni se “aburrían” si estas explicaciones estaban dedicadas a los alumnos de menor nivel… Ya sé que últimamente las cosas en la enseñanza no suelen ser así, que se intenta “mezclar” a los alumnos…. Por mi parte no tengo claro que con esto se consiga “mejorar” el nivel de preparación de los alumnos…, ni siquiera que se puedan aprovechar adecuadamente los talentos sobresalientes que existan, o la capacidad de los más dotados de llegar a la excelencia… Pero ¡ese es un tema “discutido y discutible”!. Y estoy seguro que también entre nosotros puede ser objeto de comentarios y opiniones muy enfrentadas…

En este breve artículo, no quiero tratar la necesidad de los exámenes en general, sino que únicamente quiero centrarme en aquellos exámenes que formaban parte, y una parte muy importante, de nuestros años infantiles de formación en la Prepa. Que culminaban en el examen de Ingreso al bachillerato, examen en el que, en el año que cumplíamos los 10 años (y por ley no antes), nos jugábamos el pase al Instituto. Una prueba de gran importancia para un niño de tan poca edad…

No recuerdo, y tampoco he encontrado, en algún lugar “de suficiente confianza”, en qué consistió nuestro Examen de Ingreso (aunque he leído que constaba de un dictado y realizar una división), ni cómo se hacía, ni cuáles eran los conocimientos mínimos exigidos para aprobar. Lo único que recuerdo (y os aseguro que muchas veces en mi vida lo he tenido presente) es que a los 10 años “no podíamos cometer faltas de ortografía”. Eran causa de suspenso… Y se me quedó grabado. Eso, y las palabras de Madame Morales “ça fait mal”, me vienen a la cabeza cada vez que detecto una falta de ortografía en un documento serio, y más si ha sido escrito por alguien al que se le supone un adecuado nivel cultural… ¡Me hace daño a la vista!.

Cuando ya tenía el párrafo anterior escrito, he localizado un artículo, de 1960, que apareció en el número 120 de la Revista de Educación, de título “El examen de Ingreso en el Bachillerato”, cuyo autor, Manuel Cardenal Iracheta, se manifiesta “en contra” del citado examen, y comenta que éste “consiste en dos pruebas, una escrita y otra oral. La escrita pide una cuenta de dividir por enteros y un dictado. La oral es un bombardeo sobre el niño de preguntas de catecismo, gramática, matemáticas, geografías, lecciones de cosas (rara vez) etc.”. Y recalca: “Importa más la primera prueba”. Hasta ahí puedo seguir…. Su opinión, ya lo he indicado antes, es contraria a este tipo de pruebas, y manifiesta que los “niños hacen ya, al realizar un examen de ingreso, su primer ensayo competitivo y su primera oposición en el país de las oposiciones”. Si tenéis interés, podéis leerlo completo (son únicamente dos páginas), ya que lo incluyo al final…

En aquel entonces, la sociedad en general también consideraba “importante” (no se si polémico) el tema de los exámenes escolares. Y despertaban, poco más o menos el mismo interés mediático que en los últimos años tienen los exámenes de selectividad…, o la calidad de la enseñanza en general.

Y como muestra, he encontrado, publicado en junio de 1957, coincidente con nuestros exámenes de Ingreso que nos dieron paso al Instituto, un artículo firmado por José Medina Gómez, con reportaje gráfico de Basabe, que apareció en la revista Blanco y Negro, y que lleva por título ¡EXÁMENES! Una palabra trágica en miles de labios. En el encabezamiento, a modo de enganche para animar al posible lector, resalta lo siguiente: “Hombres y Mujeres, Jóvenes y Viejos, Sacerdotes y Monjas, frente a la incertidumbre de un tribunal”. Completa el título con “El nerviosismo, enemigo número uno del estudiante”. A día de hoy, tras no sé cuantos cientos de exámenes realizados en mi vida, no me parecen suficientes estímulos para pasar a leerlo… A no ser porque…

Más de 67 años después de su publicación, ese artículo me lo “presentó” el buscador, cuando intentaba recuperar cosas del Ramiro…. Tras echarle un vistazo, no encuentro mayor interés en lo que allí se dice… Y, aunque es cierto, que en esas pocas páginas aparece el Ramiro de Maeztu, éste solo queda mencionado en un par de pies de foto. Pero resulta que estas dos fotografías, relacionadas con los exámenes de aquella época y con el Ramiro, sí que, al menos para mí, son interesantes.  

Como nuestro blog no tiene carácter lucrativo, creo no incurrir en el feo “delito del pirateo”, al incluir a continuación estas 2 fotos, sacadas “sin permiso” del mencionado artículo (antes ya he citado la fuente, la revista Blanco y Negro, a cuyos editores se les agradece desde aquí el dejar accesible -para todos- los números de aquella época).

En la primera fotografía aparece José Terrero Sánchez (1896-1961), que fue catedrático de Geografía e Historia. Como tal (antes de la llegada de Navarro Latorre) estuvo destinado provisionalmente en el Ramiro, en la primera época de nuestro Instituto (tomó posesión, el 1 Noviembre de 1939). Tenía, desde 1935, plaza en el Instituto Calderón de la Barca, de Madrid, pero este instituto quedó clausurado en la postguerra, y se tuvieron que reubicar, en otros centros, los catedráticos digamos “afines”. (En 1939-40, en Madrid, únicamente subsistían: Cisneros, San Isidro, Cervantes y Ramiro de Maeztu como institutos masculinos, y Lope de Vega e Isabel la Católica, como institutos femeninos). En 1948, José Terrero aparece en el Escalafón de Catedráticos de Instituto, sin destino (posiblemente se encontrase en excedencia). Posteriormente, y así se recoge en el escalafón de 1955, estuvo en el Beatriz Galindo, donde creo está tomada la foto. Por cierto, quizás fuera conveniente iniciar una “colección” con las fotos de los que en algún momento fueron profesores del Ramiro… ¡Que pocas fotografías tenemos de ellos!




La segunda fotografía, según reza el pie de foto, corresponde a un reparto de “folios sellados” para la realización de un examen de Francés en el Ramiro de Maeztu… Y allí aparece D. Félix Remartínez, bedel destinado entonces en nuestro Instituto…, al que nosotros sí que conocimos. ¡Qué tiempos aquellos!.




Tras la interesante fotografía de Remartínez (tampoco teníamos ninguna imagen suya…), incluyo el artículo de la Revista de Educación, que si lo leéis con cierto detenimiento, seguro que le sacáis bastante enjundia… Y después, ¡se admiten comentarios!







8 de diciembre de 2014

ARTÍCULO SOBRE DON ANTONIO MAGARIÑOS

Disponemos de un valioso documento descubierto e investigado por Paco Acosta, que se ha publicado en la página específica dedicada a Don Antonio, y que encontrareis en el enlace reseñado debajo del índice. Consta de las cinco partes reflejadas a continuación: 

DON ANTONIO MAGARIÑOS escribió sobre “LA FORMACIÓN DE LOS MANDOS EN ALEMANIA”, por Los del Ramiro. 
Diciembre de 2.014

INTRODUCCIÓN, por Kurt Schleicher
EL DOCUMENTO PUBLICADO POR D. ANTONIO en 1941, por Paco Acosta
COMENTARIO, por José Luis Cerdán
APORTACIONES, por Manolo Rincón
EPÍLOGO, por Paco Acosta

Si esta nota de cabecera ha atraído vuestra atención y deseais leer todo el contenido id al enlace:

http://ramiro53-64.blogspot.com.es/p/en-recuerdo-de-don-antonio.html


6 de diciembre de 2014

VISITA AL TRIBUNAL SUPREMO 4-12-2.014

PRETEXTO PARA UNA NECESIDAD  …Por Rafael García-Fojeda

Nos reunimos unos pocos más el femenino y gustoso toque de Rosa María Muro para visitar el Tribunal Supremo y así satisfacer el ofrecimiento que hicieran Paco Menchén y Javier Juliani -compañeros y magistrados- que también se ocupan de reservar sitio para la comida de confraternización posterior. Muchas gracias a los dos.
Siempre es interesante, un lugar como éste y recorrerlo no solo con el guía oficial sino, además, con dos de  los nuestros aún en activo aquí, resulta más atractivo.
Exteriormente, un  edificio neoclásico, que es el antiguo Monasterio de la Visitación de las Salesas Reales, sufrió un devastador incendio a comienzos del pasado siglo, posiblemente debido a sus artesonados de madera, espectacular, pero en el interior, barroco, guarda auténticas joyas: muebles traídos por orden de Isabel II, paredes tapizadas de seda, frescos, retratos de personalidades y reyes, sillerías, suelos… y hasta un patio de naranjos que da un olor increíble a la zona que lo circunda y cuyos frutos se recogen en el momento oportuno cada año.
A mayor abundamiento, alberga desde 2012 - año de su bicentenario- una exposición permanente en la que podemos admirar distintos objetos -entre ellos, el instrumento para el ‘garrote vil’  y, sobre todo, obras jurídicas antiguas que son verdaderas joyas. En suma,  para mí, una visita enriquecedora.
Luego, vamos andando un trecho hasta el lugar de la comida -El Pabellón del Espejo- en pleno Paseo de Recoletos, frente a la Biblioteca Nacional, que me sorprende, primero porque está en medio de un intenso tráfico y consiguiente ruido QUE NO SE OYE y, segundo porque la comida es no solo estupenda sino también de módico precio. Las charlas no cesan en el grupo y son el único murmullo ameno que se expande por el local. A los  postres, la voz del Tricente se hace un hueco para exponer más actividades de cara al futuro cercano y la de “nuestra niña” nos brinda una más para comienzos del próximo año.
Las horas juntos, creo, se nos hacen cortas; las agradezco desde lo más profundo pues, al menos para mí, las que se fueron, éstas y las que vengan son el pretexto para una necesidad: Rememorar experiencias infantiles y juveniles comunes además de consolidar la amistad que nos unió y que, por la genial idea de algunos, recuperamos ya adultos.
Rafael Gª-Fojeda
4-diciembre-2014

Visita al Tribunal Supremo 4-XII-14.Por Manolo Rincón. Fotos de Kurt y García-Fojeda
Ya entrado el Otoño y con las hojas de un amarillo intenso, invitados por nuestros dos Generales Togados, Paco Menchén y Javier Juliani, ambos miembros del Tribunal Supremo, nos acercamos 25 compañeros de la 64 a la calle Marqués de la Ensenada.
Un bonito edificio alberga al Tribunal Supremo. Toda la manzana fue urbanizada y construida por Dª Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, y que pensaba que él moriría antes, por lo que debía de tener un palacio suyo para cuando no estuviese ya en la Corte.
El Palacio tiene un sabor dieciochesco innegable. Cuenta con salones muy bellos y espaciosos.
Nunca llegó a habitarlo Dª Bárbara, pues murió y antes que su marido, sin que estuviese finalizado el edificio.
Pasó éste primeramente a una comunidad Religiosa y fue residencia de monjas y colegio de las Salesianas,  de ahí su nombre, Palacio de las Salesas, hasta que en el siglo XIX se le dio un uso civil, cuando se quisieron centralizar varios organismos de Justicia, al desaparecer las antiguas Chancillerías. En ese momento se separaron Iglesia y Palacio.
Desde la Constitución de 1.812 se fue dando forma al Poder Judicial, con un Tribunal Supremo.
Las Salesas en su época civil albergó según las épocas diferentes organismos, como tal se usó en una ocasión para un Consejo de Ministros, el Colegio de Abogados y el Consejo General del Poder Judicial también estuvieron en el edificio. Por último el Tribunal Supremo fue quien se hizo cargo de las Salesas finalmente para que fuese su sede.
En 1.913 se incendió el edificio, por lo que actualmente presenta muchas salas reconstruidas.
Su decoraciones muy bella y guarda tesoros como el Código de las Siete Partidas, o ejemplares de las Constituciones Españolas.
El decorado es de gran riqueza y alberga ahora las diferentes salas del Tribunal Supremo. Muebles en madera de caoba muy bien trabajados.
Ha habido casos famosos, como el del Sacamantecas o Jarabo, allí  juzgados.
La visita fue muy interesante y todo explicado profusamente. Visitamos todas las estancias y el pequeño museo de la Justicia, que existe. Nos contaron anécdotas como la de Isabel II que no quería pagar unos muebles por ser su precio superior al acordado.
Los veinticinco, a los que se había unido Rosa María Muro, como agradable compañera de Promoción,  quedamos gratamente impresionados y agradecemos la deferencia de nuestros ilustres compañeros, a los que deseamos muchos éxitos profesionales en su importante trabajo.
Terminamos con una suculenta comida en el Restaurante el Espejo, que discurrió entre anécdotas y recuerdos.
Ya esperamos otra reunión después de Navidades que nos permita seguir manteniendo esta buena relación que nos une.
Para todos los que no estuvisteis, unas felices Navidades os desean los del Ramiro.