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EL MAEZTU ANTES Y DESPUES


POR RODRIGO DE BALBÍN BEHRMANN   
(Promoción DE 1.963)


Con motivo de la celebración del LXX aniversario de la creación del Instituto Ramiro de Maeztu, nuestro compañero de la promoción 63 Rodrigo de Balbín, Catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alcalá de Henares, pronunció una fantástica conferencia que podeis ver a continuación con la que nos entusiasmó aquel pasado 28 de Febrero de 2.010. Rodrigo ha tenido la amabilidad de permitirnos publicarlo en nuestro blog, lo cual le agradecemos enormemente.


INTRODUCCIÓN
Tengo que agradecer la invitación que se me ha hecho para hablar hoy del pasado del Instituto Ramiro de Maeztu, quizás porque como dice mi compañero Julio Alvarez Buylla, ya soy de los más viejos.
Tengo que agradecerla porque estoy muy satisfecho de haber sido alumno de esta casa y porque me siento orgulloso de poder representar a mis compañeros, en cierto modo, porque no represento realmente mas que mis recuerdos y mi relación con el centro y con aquellos. Nadie me ha erigido en representante de un pensamiento múltiple y de unos resultados variados, casi siempre positivos, responsabilidad individual de cada uno de nosotros.
Puede haber sido también elegido porque tengo buenos amigos en esta casa y porque voy a remontarme lejos. Para ello puede ser bueno un especialista en la Prehistoria, como soy yo.
Agradezco esta invitación también porque me ha permitido recuperar a mi gente, que terminó el bachillerato en el curso 1962-1963, a la mayor parte de los cuales no trataba desde entonces. Los recuerdos que aquí se almacenan, con un cierto desorden y mucha emoción, son el resultado de mis recuerdos y los de mis compañeros, de mis fotos y las suyas, de mis vivencias y las de todos. Esta invitación me ha permitido encontrar a muchos que tenía en gran parte perdidos, a recordar sus caras y maneras de entonces, a repasar su camino y el mío hasta ahora, a reconocerme en ellos e investigar en el fondo de sus caras añosas viendo cómo llegaron hasta hoy. Me ha permitido verme en el espejo de sus personas para darme cuenta de que nadie llega  a nada sin la ayuda de los demás, de que lo que soy es consecuencia de lo que aprendí y viví en compañía, de que finalmente representamos una generación con sus luces y sus sombras, que inició su camino en esta casa y se desarrolló como pudo hasta el momento actual, dejando tras de sí mucha vida, muchas ilusiones y bastante trabajo.


EL INSTITUTO ESCUELA Y LA RENOVACIÓN DE LA ENSEÑANZA EN ESPAÑA
Yo conocí el Ramiro como se comportaba en el año 1957, pero entonces el Instituto no era un recién nacido. Ya había recorrido mucho trecho, como Instituto Ramiro de Maeztu y como Instituto Escuela, como Instituto Modelo y como heredero de la mejor iniciativa educativa española del siglo XX. Tengo que hacer algo de historia de esta institución que hoy cumple 70 años y  noventa y dos desde que recibiera su forma anterior. No pretendo hacer una historia exhaustiva, ni siquiera completa de esta santa casa. Otros lo han hecho y muy bien por cierto (Mindán,M.2001,Alvira,T.1992). Pretendo combinar lo que existió en el pasado de todos con lo que pasó en el mío propio, el frío pasado general con la vivencia personal más cálida. Muchas cosas quedarán en el tintero, muchos deberían haber sido citados y a lo mejor no lo serán. Muchas cosas de interés están en la memoria de los presentes que yo no podré tratar, por desconocimiento, por el tiempo, y porque  sobre todo, esta es mi visión de las cosas y ni puedo ni quiero abarcarlo todo.
La generación del 98, a la que perteneció de pleno derecho Ramiro de Maeztu Withley, reparó en la decadencia de España ochenta años después de que las colonias americanas se independizaran de España, tiempo después de que los españoles se batieran en las destructoras guerras civiles carlistas, después del final de la monarquía borbónica de Isabel II, de la primera República , del ensayo de Amadeo de Saboya, y de la Restauración de Alfonso XII. Todo ello había supuesto al menos un siglo de caída en picado de una antigua potencia mundial, empobrecida, rota por peleas internas, desangrada y desculturizada . La avanzada generación del 98 reparó en esa desgraciada realidad con la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Santo Domingo se perdería sola y por desidia. Es curioso que la reflexión sobre el desastre español tardara tanto en producirse y por motivos si se me permite menores, pero la misma realidad conflictiva anterior había lastrado la reflexión e impedido en gran parte  mirar hacia nuestro interior. Las consecuencias del agitado siglo XIX eran muchas y variadas, pero especialmente notables en el terreno educativo.
Está muy mal visto copiar, y debe estarlo, sobre todo si no se cita la fuente de procedencia, pero el aprendizaje se basa en la imitación, y si lo que se copia es bueno, los resultados pueden ser excelentes. Muchos clamaban desde el 98 por la regeneración de España, y verdaderamente no hay regeneración posible si no se cambia la base misma del comportamiento de las gentes ; ese comportamiento deriva del conocimiento y en suma de la educación.
El siglo XIX español consiguió un país en el que los analfabetos se acercaban a la mitad de la población, y en el que las respuestas violentas eran las más habituales , en una nación donde las diferencias sociales eran brutales y las diferencias en la educación un abismo profundo. En ese mundo agitado y difícil surgieron iniciativas regeneradoras, también bajo el prisma educativo. Puede decirse que sus antecedentes se encontraban en experiencias externas, y es verdad, pero su aplicación era posible en nuestro país y hubo un grupo empeñado en que eso funcionara, empeñado con todas sus fuerzas.
Ese grupo se vino en llamar Institución Libre de Enseñanza, y derivaba de los principios educativos del Krausismo alemán. Su forma práctica fue el Instituto Escuela, lugar donde habían de plasmarse una teorías que se basaban en la participación de los alumnos, en la eliminación  del aprendizaje memorístico, en la relación con la naturaleza , en el laicismo y progresismo, en la coeducación de la mujer en pie de igualdad con el hombre, en el racionalismo, en la libertad de cátedra y de investigación, en una escuela activa, neutra y no dogmática y en la libertad frente a la autoridad. Todos estos principios nos parecen ahora de uso común, pero la realidad no era sí en el momento de su propuesta y primera aplicación.
Francisco Giner de los Ríos y sus sucesores pretendieron finalmente la regeneración española a partir de la educación, en la conciencia de la ésta es necesaria para acometer cualquier empresa colectiva y de que se trata de la primera necesidad de un conjunto social, menos aparente que otras pero absolutamente sustancial. No parece que ese principio calara en las formas políticas que se producirían después, hasta nuestros mismos días, donde cuando se debe prescindir de algo por motivos económicos, lo primero prescindible es la cultura y el conocimiento.


Francisco Giner de los Ríos                           Manuel Bartolomé Cossío

El Instituto Escuela, la Institución Libre de Enseñanza, el sufragio universal y las libertades cívicas fueron bellos ensayos que culminarían en la fallida Segunda Republica española, y que deberían esperar hasta la restauración de la Democracia para ser recuperados y reintentados, en ese movimiento cíclico tan español que nos permite olvidar nuestro pasado o manipularlo a nuestro antojo, para volver a iniciar otra vez lo que ya se había conseguido.
Todo había sido un ensayo de lo que debía ser la punta de lanza de una enseñanza moderna y actualizada. La guerra civil acabaría con un centro cuyos momentos finales coincidirían con el año 1936. Sus principios no eran especialmente amados por los dirigentes del nuevo régimen , cuya valoración de la educación eran sin  duda grande, pero no en el mismo sentido que la Institución Libre de Enseñanza.
El Instituto Escuela fué una parte importante de la propuesta de la Institución Libre de Enseñanza para la formación y el progreso científico, que contaba  con la Junta de Ampliación de Estudios como organismo rector y coordinador de un ente múltiple, en el que se integraron el Centro de Estudios Históricos, el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales y laResidencia de Estudiantes, además del primero.
El Instituto tuvo una vida desigual e incluso precaria durante parte de su existencia, con edificios en Atocha, Miguel Angel y finalmente los Altos del Hipódromo, junto a la Residencia de Estudiantes. Sería fundado en 1918 y los edificios que conocemos por sobrevivir hasta hoy se construirían en 1931 y 1933. Verdaderamente su gran momento lo viviría, como toda la JAE durante la Segunda República, hasta 1936, en que la última Guerra Civil acabó con el Instituto Escuela y dispersó a sus profesores.


1931 Pabellón de Bachillerato



La Junta para la Ampliación de Estudios siempre estuvo supervisando el comportamiento del Instituto, a partir de sus organismos directores y de sus responsables personales, entre los que se contaban Santiago Ramón y Cajal como Director, con un Patronato y un Consejo Asesor del que formarían parte personalidades tan relevantes como Menéndez Pidal, Ortega, Américo Castro, Pedro Salinas o Xavier Zubiri. Se trataba por tanto de una empresa colectiva, en la que se involucraron muchos intelectuales de la época, por el interés manifiesto que poseía para ellos el desarrollo de una educación racional y actualizada. Muchos fueron  profesores de Universidad, en un momento en el que no existía esa separación artificial que hoy hemos creado entre la Enseñanza Media y la Superior. La propuesta era común y en ella se integraron todos los estamentos de la enseñanza ; aún hoy podemos aprender de ella.
La interdependencia era pues muy grande, pero en lo concreto hubo impulsores cotidianos que movieron la enseñanza de todos los días. Entre ellos hay que destacar de manera especial a José Castillejo, María Goyri, María de Maeztu y Luis de Zulueta. En el desarrollo final , Jimena Menéndez Pidal sería la directora de Párvulos, María de Maeztu de Primaria, Miguel Herrero y Jaime Oliver Asín de Bachillerato. La primera continuaría el ensayo, bajo otras condiciones sociales y políticas, en el Colegio Estudio, que vive hasta hoy.


LA RECUPERACIÓN DEL SITIO Y EL MODELO A PARTIR DE 1939. LUCES Y SOMBRAS DEL PROCESO
El año 39 se fundó lo que hoy conocemos como Instituto Ramiro de Maeztu, en el mismo sitio que el fallecido Instituto Escuela y bajo una realidad social y educativa bastante distinta. La educación era mucho más reglada y se empeñaba en resaltar unos valores y condiciones que querían recuperar la gloria de España por la exaltación de la misma, con pocos afanes de crítica, participación o disidencia.
Una parte muy importante de los educadores y pensadores había pertenecido al bando perdedor de la última guerra civil, y murió o se exilió al terminar la contienda, enriqueciendo en gran parte la cultura de los países a los que fue a parar, como aquellos de América Latina, donde fueron mejor recibidos que los americanos que hoy hacen el camino inverso.
Los principios eran muy otros, los dineros escasos, las preferencias educativas contrarias, el ambiente poco propicio. El nuevo Instituto no podía ser extraño a la realidad española, de la que dependía y bebía, por lo que una parte importante de los principios de la nueva sociedad serían adoptados por el mismo. Latía sin embargo dentro de estos muros un espíritu que quería continuar la labor iniciada por su antepasado, y esto lo consiguió en parte.
La nueva Institución debía recibir un nombre nuevo y ese nombre debía ser modélico. Se eligió el de una de las víctimas de la guerra entre hermanos que había sido la última civil, Ramiro de Maeztu Withley, asesinado el año 1936 por su adscripción a ideas conservadoras.


Ramiro de Maeztu                                                Pío Baroja

Era un vitoriano mestizo de inglesa, cuyo primer desarrollo se encontraba cerca del socialismo, y cuyas amistades y proximidades ideológicas comenzaron por Azorín y Baroja, con los que formó el “Grupo de los tres”, para distanciarse tras su estancia en Inglaterra . Buscó entonces las raíces de la grandeza española en sus épocas imperiales y en el concepto inventado por Zacarías de Vizcarra de “La Hispanidad”. Sus relaciones ultramarinas fueron importantes, fundamentalmente con  La Argentina, y sus ideas tomadas enseguida por los grupos más conservadores del país, incluida la jerarquía eclesiástica y su primado toledano. Su pecado ninguno, como ocurrió con Federico García Lorca y las víctimas asesinadas por un bando o por otro, antes , durante y después de la contienda. Su figura importante y señalada, buena bandera ideológica para lo que buscaba la nueva autoridad.


En los últimos años se ha debatido sobre la conveniencia de mantener este nombre en la cabecera en una institución como la que hoy nos acoge. Yo soy de los que piensa que son más importantes los contenidos que las formas. En el momento actual no son muchos los que conocen la trayectoria de Ramiro de Maeztu, autor de ideas marcadas y claramente alineadas en la derecha del momento, pero gran amante de España y reflexivo pensador. Podría haber nombres más atractivos para esta institución, pero no todos estarían de acuerdo, el nombre ya existe , ha dado sus resultados  y puede ser ejemplo de las barbaridades que se cometieron en uno y otro bando contra la gente que pensaba, cosa que no conviene olvidar para que los españoles no repitamos una vez más lo ya perpetrado. El Instituto Ramiro de Maeztu debe medirse hoy por su contenido y su capacidad de crear y comunicar conocimiento, no por el nombre que lo encabeza.
La continuidad con el Instituto Escuela no era especialmente fácil en la nueva realidad española. La independencia ideológica imposible. Sin embargo había y seguía habiendo profesionales de diversas ideologías empeñados en la preciosa labor de la enseñanza, esa labor cuyo valor no ha sido recuperado aún hoy en día. Uno de ellos, nexo de unión entre las dos situaciones fue Antonio Magariños, alma mater del nuevo Instituto y directamente relacionado con su antecesor.


Antonio Magariños
Era un hombre de aspecto frágil, bastante serio pero con retranca, de fuertes creencias religiosas, padre de familia numerosa, entregado a la causa del instituto, donde vivía, y excelente profesor.  Estricto, con evidente autoridad, comprensivo, educador, sabio y afable, desde una distancia de principios que traspasaba con bastante frecuencia.
Estoy hablando de una parcela histórica de esta institución, y no me resisto en entrar personalmente dentro de ella. Cuando yo estudiaba, y a principios de los años sesenta, la puntualidad no era lo más destacado de mi comportamiento. Yo era alumno directo de D.Antonio, que conocía mis debilidades, y me aguardaba cuando después de que hubieran entrado los cursos, los alumnos esperaban la llegada del profesor al aula. Yo llegaba muchas veces en esos momentos, deslizándome en la esperanza de pasar desapercibido y llegar a la clase tarde sin ser notado. En el rellano del primer piso aparecía entonces D.Antonio de improviso y me repetía una fórmula que se había convertido casi en habitual : Balbín, mañana en el Internado a las 7,30.
Eso significaba que me castigaba y que debía comparecer una hora y media antes que el resto de los alumnos en el Internado Hispano Marroquí que él dirigía, para luego acompañarle a él y a los internos a la misa de la iglesia del Espíritu Santo y volver al Internado, donde me invitaba a desayunar. Hay que reconocer que el castigo no produjo en mí un cambio radical de comportamiento, quizás por mi natural impuntualidad, quizás porque cierta parte de él no me desagradaba, por ejemplo mis charlas con D.Antonio, al que tomé un profundo cariño y del que aprendí muchas y buenas cosas.


EL PROFESORADO
No fué D.Antonio el único continuador del Instituto Escuela tras la guerra civil. Jaime Oliver Asín había dirigido en la etapa anterior el bachillerato y continuaba ahora como catedrático de Lengua y Literatura españolas. Era un hombre de pequeño tamaño, al que llamábamos Asín de pequeñito, magnífico arabista sobrino de Asín Palacios, que practicaba con evidente gusto la enseñanza. Nos hacía comprar un diccionario de la Real Academia entre todos, que se depositaba en la mesa del profesor y consultábamos habitualmente. Nos llevaba también de excursión, siguiendo  los procesos tradicionales de la Institución Libre de Enseñanza. Una de ellas que recuerdo fué a Toledo, mi primera visita a la Imperial Ciudad, donde nos hizo callejear y recorrer los recovecos de ese precioso sitio, y consiguió agotarnos a nosotros, jóvenes llenos de vitalidad, porque debajo de su aspecto ligero se escondía un caminante solidísimo. Recuerdo muy bien la excursión, y su disfrute de arabista ante los restos toledanos del pasado islámico. Fué una excelente enseñanza sobre el terreno.

Jaime Oliver

En aquellos momentos se practicaba un uso que ha desaparecido en su casi totalidad, que era la estrecha vinculación del Instituto, no sé si los demás actuaban igual, con la Universidad. De ese modo Oliver colaboraba con la Complutense, entonces Universidad Central, del mismo modo que otros de nuestros profesores. Esa vinculación me parece muy importante y muy desgraciada su pérdida. Nuestros profesores tenían un rango claramente universitario, un nivel de conocimientos claramente superior, y todos nos beneficiábamos de ello.
Este fué el caso también de Manuel Mindán Manero, sacerdote secular y catedrático de Filosofía del Maeztu. Hombre abierto, sabio y gran pensador y profesor, que a mí en concreto me hizo amable una asignatura de difícil asimilación. Entonces calzaba sotana, con dos bolsillos cerilleros en la parte frontal donde introducía los pulgares, que adornaba con una barriguina discretamente protuberante. Ésta se adornaba a su vez con  miguitas espaciadas de pan, resto de su inmediato desayuno. Era moreno, aguileño y vestía de sotana oscura, por lo que entre el alumnaje era conocido por El Cuervo. Un día de invierno en el que había una gran helada, entonces más frecuente que ahora, caminaba el padre Mindán por los campos de baloncesto que están bajo las aulas, lenta y parsimoniosamente, para no resbalar. Todos estábamos ya en clase, y desde las ventanas superiores, donde estudiaban los mayores, surgió una fuerte voz que gritó : “¡Cuervo, que te caes!”. Mindán miró hacia arriba y cayó. Las consecuencias fueron bastante desgraciadas, pero la anécdota quedó para siempre.

Manuel Mindán Manero

Nuestro profesor de Griego fué Luis Ortiz Muñoz, otro profesor ilustrado y sabio, que en todo caso daba pocas clases porque era el director casi perpétuo del Instituto, asistido por vicedirectores cambiantes. Era también un gran profesor y tuvo algunos auxiliares, como Ramona Rey, gallega tímida que tenía que enfrentarse a un grupo de energúmenos crecidos ante su discreción y buen  carácter.



Luis Ortiz Muñoz

Otro gallego famoso, en este caso profesor adjunto de latín, fué Agustín González Brañas, cuyo humor cambiante mejoraba de manera notable cuando ganaba al fútbol el Deportivo de la Coruña. Remedábamos su fuerte acento gallego con una retahíla  que supuestamente había recitado al alumno Victor García Rosales, de cursos superiores a nosotros. La retahíla rezaba así:
¡Vitor, tu conduta es incorreta y por tanto inacetable. Mereces un corretivo, porque has de saber que la prática de la conduta hace al hombre esato,correto y perfeto!.



Agustín González Brañas

No voy a recordar a todos los profesores. Estoy haciendo una selección que pretende aproximarnos a la realidad que vivimos, para sacar nuestros recuerdos a la luz y realizar un cierto ejercicio de añoranza.
Algunos, pocos, recibimos clase de alemán con D.Domingo Sanchez, al que llamábamos Herr Sontag, en una enseñanza bilingüe alemán-francés. Podríamos seguramente haber aprendido más, pero fué una experiencia original.
En dibujo tuvimos tres profesores destacables, Palomares, Sauco y Aragoneses. El primero de ellos era bastante mayor cuando nos dió clase, y su oído estaba algo resentido. Tradicionalmente le llamábamos señor Calamares, incluso en su presencia, y algunos otros apodos. Aragoneses era pequeño y algo jorobado, además de una de las personas más buenas del mundo, que cuando le gustaba un dibujo ponía calificaciones hasta el 12 o el 14. Dábamos clase en el aula situada en la trasera del Instituto, donde se pasaba frío, compensado en parte por una estufa de carbón con un largo tubo de metal. Un alumno destructivo echó una vez azufre en su interior, con la consiguiente huida de todos para no caer asfixiados.
También nos dieron clase Pedro Delmans, de Química, Vicencio Cea, de Ciencias Naturales, Julia Lopez Gomez y la srta.Macías, de Geografía, Enrique Navarro, de Literatura,José Navarro Latorre,  de Historia, Rafael Ybarra, de Ciencias Naturales y algunos más. Naturalmente no todos tenían la misma capacidad y preparación, pero en su conjunto nos enseñaron muchas cosas y mi recuerdo es positivo siempre.

EL PERDIDO LAICISMO
Existía una tradición de enseñanza libre y creativa en el Maeztu ,que perpetuó en muchos casos la del Instituto Escuela, pero eso no pasaba en todos los casos. En los cincuenta el laicismo no estaba especialmente bien visto en España, país confesional . La enseñanza religiosa era predominante, y la Religión asignatura fundamental. A nosotros nos dió clase habitualmente el Padre Gabino Lopez Morant, que se titulaba Camarero Secreto de Su Santidad el Papa y profesor Numerario del Instituto Ramiro de Maeztu, y con él aprendimos el catecismo, los Dogmas de la Iglesia, las Fiestas de Guardar y la vida cristiana que impregnó toda nuestra infancia.

El Padre Gabino con la ayuda de Aito García Reneses en el manejo de su capa.


Había también una dirección espiritual en el Instituto comandada por el Padre Granda, jesuita asturiano a la antigua usanza, cuyos ejercicios espirituales impartidos en el Salón de Actos consiguieron en mí el más profundo terror. A finales de los cincuenta se incorporó el Padre Cuellar, del Opus Dei, dentro de un movimiento que encabezaba Rafael Alvira, Catedrático de Ciencias Naturales, vicedirector del Instituto y activo miembro de La Obra, cuyo proceso de beatificación está en marcha. Sus hijos estudiaron con nosotros, y Rafael , algo mayor que yo, es catedrático de Filosofía en la Universidad de Navarra. Se contraponían dos maneras diferentes de entender la vida religiosa, propugnadas por las mayores organizaciones católicas del momento. Ganó el Opus Dei. Rosarios, retiros, ejercicios espirituales, confesiones y dependencias ideológicas , eran compartidos por las dos tendencias.



La familia Alvira con el Fundador del Opus Dei

A  pesar de todo ello, en mis recuerdos, veo una realidad bastante libre para la España de la época, muchas diferencias de pensamiento, y discusiones más o menos profundas sobre fundamentos, que seguramente también nos enriquecieron.

En los últimos años del bachillerato llegaron algunos Niños de la Guerra o hijos de españoles en Rusia, y a nosotros nos tocó en nuestra clase Sergio Sanchez García, conocido por El Ruso, formado en un indudable ateísmo soviético, que se permitía discusiones de fundamento con el Padre Gabino, en clase. Era algo mayor que nosotros y aparentaba más, en unos debates que el Padre Gabino llevaba con evidente paciencia y afán proselitista. Nosotros observábamos perplejos aquellos diálogos, primeros que yo conocí en posiciones contrapuestas, completamente nuevas para mí. 


EDUCADORES Y OTROS MODELOS
El Maeztu tuvo también una OJE y un conato de centuria falangista, comandada por Paco Giraldo, al que llamábamos el camarada Paco. No tuvo mucha transcendencia, pero existía, hacía campamentos y entraba en el entramado del Instituto, sin gran predicamento entre profesores o alumnos.
Había una estatua de Franco en el patio de entrada al Instituto, que al principio de los años sesenta fué coronada por un bote de pintura verde colocado por los carlistas en la cabeza del Caudillo; sus churretones duraron desvaídos muchos años. Debía ser una pintura de muy buena calidad.
Todas las mañanas nos colocábamos en formación militar en lo alto del campo de fútbol, y desfilábamos bajando las escaleras hacia la portada del edificio principal. Nos dirigía el jefe de clase , experto voluntario, que organizaba la variación de cabeza al llegar ante la estatua ecuestre, mientras gritaba la consigna:
¡Atención, vista a la derecha, ar, Franco, arriba España, arriba, vista al frente, ar!
La formación se deshacía al llegar al vestíbulo del Instituto, y la subida se desordenaba en las escaleras hacia el primer piso. Todos los días del año. Sin embargo en otros institutos, como el Jaime Balmes de Barcelona, todos los sábados se izaba la bandera mientras se cantaba el Cara al Sol. No era lo mismo. Era quizás una versión más ligera.
Hubo un cuerpo especial, organizado por el Instituto San José de Calasanz del CSIC que dirigía Victor García Hoz, cuyos miembros eran conocidos como educadores, y su función era controlarnos y vigilarnos fuera de clase. Era un original proyecto pedagógico. Hubo muchos, pero el más conocido era Gabaldón , que ejercía su función de control con evidente placer y disfrute. No son los mejores recuerdos que conservo del Maeztu.
También hubo bedeles y un conserje, Muro, que vivía en la parte de atrás del Instituto y que nos ha dejado una hija como profesora de esta casa. Yo me acuerdo especialmente de los bedeles Remartinez y Chupito. Este último llevaba siempre una colilla a medio apagar en la comisura de los labios, motivo del que procedía su apodo y por el que le sacamos una canción que decía :
Ya se acabó el cigarrito en que chupaba Chupito…
con la música de la conocida canción mexicana. Tenía un aparente mal carácter, dirigido a que no nos subiéramos a sus barbas. Finalmente era un bendito.
En la entrada al Maeztu por Serrano tenía su tenderete el Pipero, que vendía pipas, caramelos y cigarrillos de fiado. Muchos tenían contraída con él una deuda inmensa de algunos céntimos en el momento en que murió. Era un poco el abuelo de todos. En la cantina estaba Pedro y Petra, que participaba también en la limpieza ; parte importante de la comunicación de los alumnos con el Instituto y la sociedad, entonces más provinciana, sencilla y relajada.

LOS ALUMNOS
En la mayor parte de los trabajos que se hacen sobre la historia de las instituciones educativas se habla poco de los alumnos. A veces algo de los famosos, pero casi nada de la mayor parte de la audiencia de la enseñanza, que constituye algo fundamental para entender la institución de que se trate.
Yo soy profesor desde el año 1968, lo que quiere decir que ese es el lado al que me encuentro durante la mayor parte de mi existencia, pero en el Maeztu estaba al otro lado de la barrera y aquí estoy incorporando algo de historia y mucho de experiencia personal. En  ésta entran mis compañeros y mucho de lo que aprendí con ellos y de ellos, pues sin duda los alumnos forman parte de la maquinaria de la enseñanza. No voy a hablar de todos, sería imposible, porque además ha pasado mucho tiempo desde entonces, no me acuerdo de todos sus nombres y no sé, en muchos casos, qué ha sido de su vida después de tanto tiempo. Pero sí hablaré algo, en general y en particular, entre otras cosas porque así hablo también de mí y de lo que fué el Instituto en esos años.
Como alumnos y a nuestra edad, practicábamos mucho deporte, algunos el futbol en el inmenso campo que hoy se ha parcelado y asignado a Primaria, lo que era entonces Preparatoria y familiarmente Prepa. Ese campo que tiene unas escaleras de acceso y al fondo tenía unos urinarios que llamábamos la mezquita de Benamear. Otros jugaban a balonmano, siempre menos, y de manera un tanto autogestionaria. Hubo hasta una piscina, que se usaba en las épocas del año en el que tiempo lo permitía.
Se dice que Antonio Magariños, alma del Estudiantes, no era muy partidario del futbol, y eso indica su buen criterio. El baloncesto, antes más que ahora, era el deporte del Maeztu, la cantera del Estudiantes, nuestra referencia de conducta deportiva. Entonces se creó una especial animadversión al que era nuestro gran rival, el Real Madrid, animadversión que sigue viva entre los viejos, y me consta que también entre los jóvenes. Recuerdo aún cuando Diaz Miguel vino a jugar a la recién estrenada Nevera, aún sin techo, y los alumnos le abucheamos con violencia, pues había sido jugador del Estudiantes y nos había traicionado. Algunos alumnos le pincharon la moto que tenía aparcada fuera, como venganza desproporcionada a su defección.
Jugué con Antonio Alcántara, Emilio Segura, Vicente Ramos, Jaime Moreno Rexach, Pedro Ceballos,Aito García Reneses  y un largo etcétera, de una generación que dió muchos y buenos triunfos al Estudiantes y al baloncesto, en un momento en el que este magnífico deporte aún no se había generalizado en España. En Infantiles y Juveniles competíamos con el Liceo Italiano , con La Paloma y con el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios, cancha temida por la dureza  de sus jugadores, pero más por la dureza del público del Colegio. Nunca sabíamos si saldríamos enteros de aquél terrible campo.
Las canchas rojas de hoy, eran campos de tierra al principio, donde entrenábamos hasta bien entrada la tarde muchos honestos abuelos de hoy. Yo recuerdo a cuatro entrenadores, sobre todo. Roberto Bermudez, gran responsable después del centenario de 1992, Abreu, también ex jugador del Estudiantes y Polifemo, Cesar de Navascués, al que fuimos a ver alguna vez a su casa y conocimos el exótico modo de vivir de su padre César González Ruano. El último que tuve fué Paco Hernández, muy preocupado por la forma física, que por lo menos consiguió de nosotros una preparación excelente. Muchos continuaron más que yo, y siguieron ganando trofeos de diversas competiciones. Yo me despediría del baloncesto en la Facultad de Filosofía y Letras de la Complutense, donde Antonio Alcántara, Jose Manuel Continente, Conti y yo, compusimos un equipo nefasto que no consiguió ninguna gloria.
Hicimos nuestros pinitos en la escritura y el periodismo, a partir de la revista Candil de la que no he conseguido noticias ni ejemplares. Hice en ella una entrevista a D.Antonio Magariños, cuyo original corrigió puntillosamente, pues no se fiaba gran cosa de lo que yo fuera a escribir. Al final quedó muy bien la cosa, o al menos así me lo parecía a mí. También conté una estancia que tuvimos Joaquín Sanchez Guillén y yo en Alemania en el verano de 1962. Fué una idea estupenda, donde nos iniciamos los alumnos, alguno de los cuales, como Jose María García Rosales-Hoz ha llegado al máximo en profesión periodística.
El Instituto Ramiro de Maeztu era un centro interclasista, donde había alumnos de muy diversas procedencias, donde podíamos conocer otras circunstancias vitales, y donde las discriminaciones o no existían o yo no me daba cuenta de ellas. Los intereses eran distintos, y también los grupos y pandillas. Había bandas y jefes de banda, y peleas entre ellos, pero nunca llegó la sangre al río. Había gente más criada en la calle , con mayores capacidades de supervivencia y otros de familia media, más inocentes. Había quien tenía más curiosidad por las cosas, y quien tenía menos. Había adscripciones ideológicas, en germen, pero una comunidad que se llevaba bien y se comunicaba con inocencia y cariño. Éramos más inocentes que ahora.
Yo elegí Letras y tuve unos compañeros, a la mayor parte de los cuales no he vuelto a ver hasta el momento presente, que ha supuesto un reencuentro gratificante y añorante. En las fotos he identificado algunos, otros no, porque el tiempo pasa y la memoria falla. Todos ellos forman parte de mi pasado y de lo que fué el Instituto. Estuve en el curso D y en el A, y a ellos corresponden las dos fotos que propongo. La primera del D donde he destacado a Ramón Roca, publicista y profesor de Periodismo, Fernando Candial, abogado, Andrés Montalbán, magistrado en Murcia, César Nombela, catedrático de Farmacia, Javier Burgués, técnico en la Administración de Valencia, Martín Almagro, Catedrático de Prehistoria y académico de la Historia. Ni en esa foto ni en la que viene a continuación aparezco, como si se hubiera producido una “damnatio memoriae”, pero puedo asegurar que eran los compañeros de mis cursos.
En la foto del curso A , Guedes, Cerra, Nicolás Poveda, Magistrado de la Audiencia Nacional, Pedro Ceballos, Aito García Reneses, conocido entrenador de baloncesto, Melchor García, Antonio Alcántara, Constructor, Jose Ramón Blanco, Jose Mª García Rosales-Hoz, periodista, Ignacio Niharra, consultor, ex director general de Apple España, Jose Luis Ponce de León, ingeniero agrónomo, Jose Mª Alvarez Cienfuegos, Carlos Salinas, Julio Alvarez Buylla , Catedrático de Farmacia, Luis Caballero, Científico Titular del CSIC, Andrés Brehmer, Director Gerente de Audatex España, Santiago Conde, Científico Titular del CSIC, Ricardo Olmos, Director de la Escuela de Historia y Arqueología de Roma, y algunos más que no identifico en la foto, como Carlos Aguilar, Profesor Titular de Composición Arquitectónica, Jose Manuel Continente, profesor Titular de Lengua Arabe, ya fallecido ,Jose Luis Acero Benedicto, Patrono de la Fundación Caja Madrid, Javier Aleixandre Campos ingeniero del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas, Emilio Segura, ingeniero técnico de Obras Públicas, Joaquín Sanchez Guillén, Catedrático de Física Teórica, Juan Cristóbal Gonzalez Granell,abogado.


CURSO D 1.957

CURSO A 1.957

La tercera de las fotos de grupo plasma una cena de ex-alumnos de mi curso, celebrada en 1965, afirmo sin absoluta seguridad en la fecha. Aquí aparecen :

CENA EX-ALUMNOS 1965?


Enrique Gomez Lobo, abogado, Paco Viqueira, Cónsul General de España en Río de Janeiro, Rodrigo de Balbín, que soy yo, Alberto Mirat, empresario, Melchor García Lopez, Rafael Casas, Fernando Candial, Ignacio Niharra, Miguel Cruz, realizador de Televisión Española, Liborio Hierro, Catedrático de Filosofía del Derecho, Jorge Rico, Leopoldo Gandarias, Antonio Alcántara, Javier Gutierrez del Alamo, Andrés Brehmer, Gregorio Fraile y Nicolás Poveda.
En el caso de conocer su situación actual la he incorporado a modo de pequeño curriculum, y si conseguí su foto también la incluyo. Es un peculiar ejercicio comparar lo que éramos y lo que somos físicamente, y otro importante saber dónde llegamos los que estudiamos juntos hace tantos años. La mayor parte somos universitarios de formación, y no nos costó demasiado adaptarnos a la enseñanza superior, porque la formación que habíamos recibido nos facilitó el tránsito. 

El Instituro Ramiro de Maeztu, hoy

Fuimos la generación de la Democracia, terminamos la carrera el año 68 y nos formamos dentro de la enseñanza pública española, que con altibajos ha seguido peleando por la educación para todos, en una tradición que en Europa resulta casi excepcional y más aún en el paralelo mundo anglosajón que ahora se impone. Somos herederos lejanos de la Institución libre de enseñanza y de otros principios menos pedagógicos, pero tuvimos la suerte de estudiar en el Instituto Ramiro de Maeztu.
Yo me formé en la enseñanza pública, soy profesor de la enseñanza pública y mis hijos aprenden en la enseñanza pública. Solo un país con una buena enseñanza pública consigue la formación adecuada de sus ciudadanos en libertad y responsabilidad. Solo un país con una enseñanza pública de calidad consigue una sociedad civil consciente y responsable. El Instituto Escuela comenzó su andadura hace casi un siglo. Que su experiencia tenga por lo menos un siglo más de permanencia.

BIBLIOGRAFÍA

ALVIRA ALVIRA,A.1992. El “Ramiro de Maeztu”, pedagogía viva. Ed. Rialp, Madrid.

DE LA FUENTE ,I. 2006. Los últimos niños del Instituto-Escuela. El País, 12-06-2006.

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MINDAN MANERO,M.2001.Historia del Instituto Ramiro de Maeztu.2t.

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SAEZ DE LA CALZADA,M.2007.Un gran español que murió en el exilio. Fundación Olivar de Castillejo,2007.
La mayor parte de las fotos institucionales y del profesorado han sido obtenidas de los libros de Alvira y Mindán. Las de los alumnos provienen de mis compañeros, de mí mismo y de Internet

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